México tiene tres especies de primates, todas listadas en la NOM-059-SEMARNAT-2010 en la categoría de especie “en peligro de extinción”: el mono araña, Ateles geoffroyi; el mono aullador negro, Alouatta pigra, y el mono aullador de manto, Alouatta palliata. Estas especies se distribuyen principalmente en Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Oaxaca, en selvas altas y medianas. Su presencia indica la salud de los bosques tropicales, pues cumplen un papel clave en la dispersión de semillas y el mantenimiento del equilibrio ecológico.
El tráfico ilegal de primates en México es un delito que causa enorme daño y sufrimiento a los ejemplares en lo individual y que ha ido mermando las poblaciones de los tres primates mexicanos.
El artículo 60 bis de la Ley General de Vida Silvestre, señala que ningún ejemplar de primate, cualquiera que sea la especie, podrá ser sujeto de aprovechamiento extractivo, ya sea de subsistencia o comercial, por lo cual su comercialización está prohibida y constituye un delito previsto en el código penal federal, con penas privativas de la libertad que van de 1 a nueve años.
Además, por cada ejemplar de primate que es vendido como mascota, por lo menos otros tres fueron asesinados.
El eslabón inicial de la cadena de tráfico ilegal es la extracción de las crías de su hábitat, donde las madres son asesinadas con arma de fuego mientras transportan a sus bebés pegados a su cuerpo. Durante esta etapa, muchos monos bebés mueren al caer de los árboles, al ser aplastados por la madre o debido a las condiciones del traslado. Una vez extraídas, las crías son acopiadas para posteriormente ser transportadas en cajas de plástico o maletas con orificios.




Fuente: Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa).




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