El secretario de Obras Públicas de Quintana Roo, José Rafael Lara Díaz, demostró que lo suyo no es la rendición de cuentas.
Tras su comparecencia en el Congreso, huyó literalmente de los medios de comunicación: salió por la sala de comisiones, escoltado por su personal, y abordó su camioneta con el aire acondicionado encendido desde hacía horas, lista para su escape.
La justificación de sus colaboradores fue tan absurda como ofensiva: “estaba cansado de contestar tantas preguntas”.
En realidad, apenas soportó un par de minutos frente a reporteros, prometiendo dar declaraciones al término de la sesión, promesa que, al igual que muchas de las obras bajo su cargo, quedó inconclusa.
Durante su exposición en el recinto legislativo, Lara Díaz presentó cifras que pareciera fueron maquilladas, y que contrastan con la realidad, pues presume buenas carreteras y al visitar se pueden ver colapsadas, desfondes y muchas otras cosas olvidadas.
Admitió un rezago de más de 20 años sin la atención a más de 5 mil kilómetros de carreteras, y reconoció que 67 comunidades rurales no tendrán respuesta este año ni tampoco en 2026, porque —en sus palabras— no sabe cuánto dinero se necesita ni si estará disponible.
Al ser cuestionado específicamente sobre los riesgos que representan los desfondes en calles y avenidas de la capital, el funcionario prefirió acelerar el paso y refugiarse en su vehículo, evitando enfrentar un problema que padecen miles de ciudadanos.
Urge que se de un cambio en esta Secretaría porque simplemente este funcionario no sirve nada más que para tomarse fotos, porque cuando debe atender las necesidades los hace con simulación, tal como ocurrió en semanas anteriores cuando intento entregar una obra con materiales de mala calidad y en pésimas condiciones pero que no fue aceptado por los habitantes de una comunidad rural de Othón P. Blanco.



