Chetumal, Q. Roo.— La designación de Omar Yael Landeros Rosado como aspirante a una magistratura en el Poder Judicial ha generado una ola de inconformidad y molestia entre integrantes del foro jurídico y sectores ciudadanos, quienes ven en su postulación un acto de imposición sin sustento en méritos ni trayectoria.
Con apenas unos meses como juez penal —función que desempeña desde enero de este año— y una fugaz estadía como Juez de Ejecución por tan solo un mes en 2024, el joven abogado ha ocupado más tiempo en cargos administrativos que jurisdiccionales. Su principal respaldo: haber sido el secretario particular del presidente del Tribunal Superior de Justicia, Heyden Cebada Rivas, desde 2022.
Su carrera dentro del Poder Judicial comenzó como secretario mecanógrafo, pasando por puestos como auxiliar y actuario, sin que su experiencia real como juzgador alcance siquiera el medio año. No obstante, Landeros Rosado fue impulsado para buscar una posición de gran responsabilidad y alta exigencia técnica y ética.
“¿A quién representa? ¿Cuál es su compromiso social con el pueblo? No basta con un título universitario ni con un padrino poderoso. La magistratura no puede convertirse en una recompensa por lealtades políticas o personales”, expresaron juristas que pidieron anonimato por temor a represalias.
Además, llama la atención su escasa actividad durante el arranque de las campañas, limitándose a subir una imagen con tres líneas en redes sociales ya por la noche del 29 de abril. Esto refuerza la percepción de que no necesita convencer a nadie, pues su lugar ya estaría asegurado tras bambalinas.
Su juventud no debería ser obstáculo si estuviera acompañada de preparación, sensibilidad y madurez, pero quienes lo conocen de cerca aseguran que carece de inteligencia emocional, criterio jurídico sólido y capacidad para sostener una argumentación legal clara y coherente.
“Lo han visto más en fiestas y antros que en foros académicos o en tribunales. Es evidente que esta candidatura es una jugada política, no un reconocimiento al mérito”, apuntó otro abogado en referencia a sus apariciones en espacios de vida nocturna.
La ciudadanía merece jueces con independencia, formación y vocación. No operadores políticos ni improvisados. Porque la justicia no puede estar en manos de quienes llegaron por suerte, influencias o conveniencia, y no por convicción ni capacidad.

