La reciente captura de un pez diablo (Pterygoplichthys pardalis) en la laguna de Bacalar ha encendido las alarmas entre investigadores y especialistas en ecosistemas acuáticos, debido al riesgo que representa para el equilibrio del cuerpo de agua. Originario de América del Sur, específicamente de la cuenca del Amazonas y el Orinoco, este pez ha invadido diversos cuerpos de agua dulce en México, convirtiéndose en una plaga de difícil erradicación.

De acuerdo con el investigador del Ecosur, Jacobo Schmitter Soto, el pez diablo no es un depredador agresivo, pero su comportamiento representa una grave amenaza. “Estos peces ponen en suspensión el fondo, también erosionan las orillas y tienen capacidad de hacer daño. Lo mejor sería tratar de controlarlo antes de que su población aumente y sea imposible erradicarlo”, explicó. Su resistencia es otro factor preocupante, ya que puede sobrevivir fuera del agua por varias horas y tolerar condiciones extremas de baja oxigenación.

Estudios científicos han demostrado que esta especie altera la estructura de los ecosistemas al remover sedimentos, reduciendo la calidad del agua y afectando a organismos autóctonos. Su rápido crecimiento y reproducción descontrolada han causado estragos en lagunas y ríos del sureste mexicano, desplazando a especies nativas y generando problemas en la pesca. En algunos estados como Tabasco y Chiapas, su presencia ha causado pérdidas económicas al sector pesquero, ya que sus hábitos de alimentación impactan la biodiversidad.

Ante este escenario, especialistas han recomendado la captura y eliminación inmediata del pez diablo para evitar un impacto irreversible en Bacalar. Se espera que las autoridades ambientales actúen con prontitud, pues la historia del pez león en el Caribe es un claro ejemplo de los estragos que puede causar una especie invasora cuando no se toman medidas a tiempo.

