Por José Atila Hernández Ruiz
Esa si es humildad la del gobernador Carlos Joaquín González. Después del abucheo orquestado en su contra el domingo 24 en la Explanada de la Bandera ante el presidente Andrés Manuel López Obrador, al día siguiente él siguió con sus actividades como si nada hubiera pasado y sin ningún enojo ni resentimiento.
En otros tiempos, y aun en los actuales, cualquier otro gobernante -especialmente los del PRI-se habría enfurecido y no solo habría cobrado venganza en contra de los inducidores del abucheo sino que habría dejado de seguir con sus actividades durante unos días hasta que se le pasara el enojo.
Pero en Carlos Joaquín González se vio una vez más la humildad que lo caracteriza y que tanto se vio también cuando era candidato y Roberto Borge Angulo no quería que llegara a la gubernatura, y ha seguido como si nada, no obstante que el día del abucheo el propio López Obrador dijo que esos eran los riesgos de una verdadera democracia.
Lo censurable de esto fue que al final del evento, ya cuando “el peje” se había ido, muchos de los que lo abuchearon se le acercaron al gobernador “sin poca ni más vergüenza”, como dicen en Tabasco, para hacerle peticiones. Eso si es desfachatez. O no tener madre, como se dice vulgarmente.
Dicen que la orquestadora del abucheo fue la ahora senadora de MORENA (Movimiento de Regeneración Nacional), Freyda Marybel Villegas Canche, quien ya esta acostumbrada a eso de “Muera el Rey; Viva el rey” por aquello de que ha cambiado de partidos como cambia de aretes.
Pero así es la política. El propio López Obrador, por cierto del partido MORENA, lo ha vivido. Cuando luchaba por alcanzar la presidencia todo mundo lo criticaba, lo despreciaba y se burlaba de él. Ahora que ya es presidente de verdad, lo elogian, lo quieren y hasta le quieren lamer los testículos.

